La enana continuó corriendo rápidamente, en sus mejillas redondas
corrían pequeñas lágrimas cristalinas.
Carmela Evelia
llevaba una vista desorientada y confundida, lo que la llevo a chocar de frente
con un veinte añero, de cabellera hasta los hombros, pelirrojo, con pecas
alrededor de sus mejillas, pantalones remendados, con su cuerda rodeando su
cuello sosteniendo un símbolo de paz y amor y una camisa de cuadros
multicolor.
- Disculpa - Exclamó el muchacho.
- Fue culpa mía – respondió Carmela.
- ¿Por qué vas tan apresurada y triste?
- No encuentro un novio que me quiera – Dijo la
enana.
- No te angusties y cuéntame ¿cómo te llamas? –
Replicó el muchacho.
- Carmela Evelia Gálvez ¿Y vos? – Consultó Carmela.
- Me llamo Godofredo Potter, vivo a dos cuadras de
esta calle, a la par de la pulpería, enfrente del parque – Agregó el muchacho.
- Hace mucho tiempo mi prima hermana Cleopatra
vivía por ahí. – Dijo Carmela aún con sus ojos llorosos.






